De TuxInfo al Linux actual
20 años de cambios que puedes probar tú mismo.
Si leías revistas sobre GNU/Linux a finales de los años 2000, seguramente recordarás aquella sensación. Descargabas una ISO. La grababas en un CD. Reiniciabas el ordenador.
Cambiabas el orden de arranque en la BIOS. Y cruzabas los dedos para que funcionaran la tarjeta gráfica, el sonido y, especialmente, el Wi-Fi. Era Linux. Y era divertido.
En noviembre de 2007 apareció el primer número de TuxInfo, una revista digital gratuita dedicada a GNU/Linux, software libre, programación y tecnología. Durante sus años de publicación pasó por sus páginas buena parte de la transformación que estaba viviendo Linux.
Empieza el recorridoUn mismo núcleo. Muchas formas de descubrirlo.
Distribuciones. Consola. GNOME y KDE. Ubuntu.
Fedora. Debian. Programación. Android.
Systemd. Servidores. Software libre.
En diciembre de 2014 TuxInfo alcanzaba el número 71. Aquel ejemplar hablaba, entre otras cosas, de Fedora 21, Linux 3.18, systemd, Devuan y Android.
Mirado desde 2026 parece otra época. Pero es precisamente ahí donde empieza esta historia.
De una ISO a todo un sistema
Distribuciones, escritorios y las piezas que trabajan bajo la superficie.
Cuando probar Linux significaba descargar una ISO
Durante bastante tiempo, hablar de Linux significaba hablar de distribuciones. Ubuntu. Debian. Fedora.
Mandriva. openSUSE. Slackware. Arch.
Gentoo. Cada usuario tenía su favorita. Y cada distribución tenía una personalidad bastante marcada. Ubuntu intentaba facilitar la llegada de nuevos usuarios.
Debian apostaba por estabilidad y una enorme comunidad. Fedora introducía tecnologías bastante recientes. Arch Linux proponía construir un sistema prácticamente a medida. Gentoo iba incluso más lejos y permitía compilar buena parte del sistema pensando específicamente en nuestra máquina.
Las conversaciones podían durar horas. ¿Qué distribución utilizas? ¿Qué escritorio? ¿GNOME o KDE?
¿APT o RPM? ¿Stable o rolling release? Muchas de aquellas preguntas siguen existiendo. Pero Linux ha cambiado tanto que actualmente representan solo una pequeña parte de su ecosistema.
Empecemos por lo básico: Linux no es exactamente todo el sistema
Antes de continuar conviene aclarar uno de los conceptos que más confusión genera. Linux es el kernel. Es decir, el núcleo del sistema. Se ocupa de tareas fundamentales como gestionar:
- el procesador;
- la memoria;
- los dispositivos;
- el almacenamiento;
- los procesos;
- los controladores;
- buena parte de la comunicación entre hardware y software.
Alrededor de Linux encontramos muchas otras herramientas.
Una distribución GNU/Linux reúne ese kernel con programas, bibliotecas, herramientas de administración, gestores de paquetes, escritorios y aplicaciones.
Por eso Debian y Fedora pueden parecer sistemas muy diferentes aunque ambos utilicen Linux.
Ubuntu cambió mucho el escritorio
Ubuntu apareció en 2004. Su importancia no se debió a haber inventado Linux ni a crear desde cero un nuevo sistema. Ubuntu estaba basado en Debian. Lo importante fue que intentó eliminar algunas de las barreras que alejaban al usuario doméstico de GNU/Linux.
Instalación más sencilla. Versiones frecuentes. Detección de hardware. Documentación.
Una comunidad enorme. Live CD. Aquellos discos permitían arrancar Linux sin instalarlo. Podíamos colocar un CD de Ubuntu en el ordenador, reiniciar y probar el sistema.
Actualmente esto parece bastante normal. En aquella época era una herramienta fantástica para convencer a alguien de que probara Linux. —No tienes que borrar Windows. —No tienes que instalar nada.
—Arranca desde el CD. Y empezaba la demostración.
En la actualidad los sistemas basados en linux con vocación open source han inspirado a algunos de los CMS más populares como WordPress. Millones de páginas web usan estos sistemas de publicación. Incluso ha alentado a la competencia como Strapi que buscan abrirse hueco en personalización y gestor de contenidos, B2B o B2C. Un ejemplo lo tenemos en páginas como Distribuidor productos de limpieza Quiser.
Del CD al pendrive y del pendrive a la máquina virtual
Hoy podemos hacer exactamente lo mismo de una forma mucho más cómoda. Descargamos una ISO. La copiamos a un pendrive con herramientas como Rufus, Balena Etcher o Ventoy. O directamente utilizamos una máquina virtual.
VirtualBox. VMware. GNOME Boxes. QEMU/KVM.
Incluso podemos levantar máquinas Linux temporalmente en servicios cloud. Linux ya no necesita conquistar nuestro disco duro para que podamos probarlo.
Los gestores de paquetes cambiaron nuestra forma de instalar programas
Quienes llegaron a Linux desde Windows encontraron algo curioso. No hacía falta buscar constantemente programas en páginas web. Las distribuciones ya disponían de repositorios. En Debian y Ubuntu encontramos:
apt
En Fedora:
dnf
En Arch Linux:
pacman
Podemos instalar un programa desde terminal. En Debian o Ubuntu:
sudo apt install nombre-programa
En Fedora:
sudo dnf install nombre-programa
En Arch:
sudo pacman -S nombre-programa
Hoy las tiendas gráficas de aplicaciones hacen que apenas sea necesario conocer estos comandos.
Pero el concepto de repositorio centralizado era una de las grandes ventajas de Linux mucho antes de que las tiendas de aplicaciones se popularizaran en otros sistemas.
Luego apareció systemd y empezó la discusión
Si seguimos la historia de Linux llegamos inevitablemente a uno de los temas que generó más debate. systemd. Su objetivo era sustituir y modernizar varios componentes relacionados con el arranque y la gestión de servicios. Muchas distribuciones lo adoptaron.
Debian. Ubuntu. Fedora. Arch Linux.
Pero no todo el mundo estuvo de acuerdo.
Precisamente alrededor de 2014, cuando TuxInfo publicaba su número 71, el debate sobre systemd estaba especialmente activo y aparecía también el proyecto Devuan, nacido como alternativa a Debian sin systemd.
Más de una década después, systemd forma parte habitual de muchas distribuciones.
Linux se volvió invisible
Del servidor al bolsillo, de una placa diminuta a una consola portátil.
Mientras discutíamos sobre el escritorio, Linux conquistaba los servidores
Durante años se habló mucho de: "El año de Linux en el escritorio". Se convirtió casi en una broma recurrente. ¿Será este año?
¿El siguiente? ¿Linux superará a Windows? Pero mientras se discutía sobre porcentajes de escritorio ocurrió algo bastante más importante. Linux se convirtió en uno de los sistemas fundamentales de Internet.
Servidores web. Bases de datos. Hosting. Correo electrónico.
Infraestructura de red. Centros de datos. Supercomputación. Cloud computing.
Muchas personas que nunca habían instalado Ubuntu estaban utilizando servicios que funcionaban sobre Linux constantemente.
Linux no necesitaba estar delante del usuario. Podía estar detrás.
Android puso Linux en millones de bolsillos
Y entonces apareció Android. Aquí hay otra confusión habitual. Android no es una distribución GNU/Linux tradicional. Pero utiliza el kernel Linux.
Eso significa que millones de teléfonos, tablets, televisores y otros dispositivos utilizan tecnología Linux aunque su interfaz tenga poco que ver con Debian, Fedora o Ubuntu.
Es probablemente una de las ironías más curiosas de esta historia. Durante años se preguntaba: "¿Cuándo utilizará Linux la gente corriente?" Mientras tanto, millones de personas empezaban a llevar un dispositivo basado en Linux en el bolsillo.
Y muchas ni siquiera lo sabían.
Raspberry Pi convirtió Linux en una herramienta para experimentar
Otro momento importante llegó con Raspberry Pi. Un pequeño ordenador. Relativamente económico. Bajo consumo.
Linux. Y miles de posibilidades. Servidor doméstico. Centro multimedia.
Domótica. Robótica. Programación. Servidor web.
Emuladores. Electrónica. Proyectos educativos. Linux volvía de alguna manera a sus raíces.
Experimentar. Romper cosas. Arreglarlas. Aprender.
Después llegó Docker y cambió otra vez la forma de pensar
Durante mucho tiempo una aplicación se instalaba sobre un sistema operativo. Pero los contenedores popularizaron otra forma de trabajar. Empaquetar la aplicación junto con buena parte de lo que necesita. Docker ayudó enormemente a popularizar este concepto.
Y Linux estaba nuevamente debajo. Aquí empieza a ser interesante comprobar hasta qué punto el kernel resulta importante. Un contenedor Docker no es exactamente una máquina virtual completa.
Comparte el kernel del sistema anfitrión mientras mantiene procesos y recursos suficientemente aislados para que las aplicaciones puedan ejecutarse en entornos separados.
Alpine Linux llevó la dieta al extremo
Con los contenedores surgió también interés por sistemas extremadamente pequeños. Ahí encontramos Alpine Linux. Una distribución minimalista muy utilizada en determinados entornos de servidores y contenedores.
Donde un sistema tradicional puede incluir cientos de herramientas, Alpine intenta partir de una base mucho más reducida.
Menos componentes. Menor tamaño. Menor superficie. Añadimos solamente aquello que necesitamos.
Linux ya no tenía que ser necesariamente un sistema completo instalado en un ordenador. Podía convertirse simplemente en la base mínima para ejecutar una aplicación.
Linux también entró por fin en el mundo del gaming
Durante muchos años había una pregunta bastante sencilla que podía terminar cualquier discusión sobre utilizar Linux como sistema principal.
—¿Y mis juegos? Ese era uno de sus puntos débiles.
La situación cambió considerablemente con Steam para Linux y especialmente con Proton, la tecnología impulsada por Valve para ejecutar numerosos juegos de Windows en Linux.
Después llegó Steam Deck. Y su sistema: SteamOS. Las versiones modernas de SteamOS están construidas sobre Arch Linux.
Curioso.
Una distribución históricamente asociada a usuarios relativamente avanzados termina siendo la base de una consola que puede utilizar alguien sin abrir una terminal una sola vez.
Y probablemente esa sea otra señal de madurez. Linux funciona aunque el usuario no sepa que está utilizando Linux.
Linux funciona aunque el usuario no sepa que está utilizando Linux.
Del escritorio a los dispositivos que usamos cada díaLas distribuciones siguen vivas
Todo esto no significa que las distribuciones tradicionales hayan perdido importancia. Todo lo contrario. Podemos imaginar algunas grandes ramas.
Debian
Una enorme comunidad, estabilidad y una gigantesca colección de software. De Debian derivan multitud de proyectos.
Ubuntu
Basado en Debian y especialmente importante en escritorio, servidores y cloud.
Linux Mint
Orientado principalmente al escritorio y muy cómodo para quienes llegan desde Windows.
Fedora
Relacionada con el ecosistema Red Hat y frecuentemente utilizada para introducir tecnologías relativamente recientes.
Red Hat Enterprise Linux
Especialmente importante dentro del entorno empresarial.
Arch Linux
Sistema rolling release, minimalista en su instalación inicial y muy configurable. Su documentación se ha convertido además en referencia incluso para usuarios de otras distribuciones.
openSUSE y SUSE
Una familia con larga trayectoria tanto en escritorio como en sistemas empresariales.
Alpine Linux
Minimalismo, servidores y contenedores.
Y podríamos continuar durante páginas. Linux permite precisamente eso. Construir sistemas distintos para problemas distintos.
Haz una radiografía completa de tu Linux
Vamos a terminar con algo práctico. En una instalación de escritorio habitual, estas herramientas suelen estar disponibles; en sistemas mínimos puede ser necesario instalar algunas. Abre la terminal.
Con apenas diez comandos podemos obtener una radiografía bastante completa de cualquier sistema GNU/Linux moderno. Este era precisamente uno de los atractivos de Linux hace veinte años. Y continúa siéndolo. Podemos abrir la tapa y mirar dentro.
Qué distribución tenemos
cat /etc/os-release
Qué kernel estamos utilizando
uname -r
Arquitectura del sistema
uname -m
Lo habitual actualmente en un PC será algo parecido a:
x86_64
Información del procesador
lscpu
Memoria disponible
free -h
Discos
lsblk
Espacio utilizado
df -h
Procesos activos
ps aux
Servicios con systemd
systemctl --type=service
Interfaces de red
ip addrNota práctica: la disponibilidad de estas herramientas depende de la instalación; systemctl requiere systemd. En sistemas mínimos pueden faltar algunas utilidades.
¿Ha dejado Linux de ser divertido?
En cierto modo, sí. Y es una buena noticia. Ya no necesitamos configurar manualmente tantas cosas. El hardware suele funcionar mucho mejor.
Instalar una distribución es sencillo. Las actualizaciones pueden automatizarse, según la distribución y la configuración. Los escritorios están pulidos. Las aplicaciones gráficas permiten realizar casi cualquier tarea habitual.
Pero la parte divertida sigue ahí. La terminal continúa disponible. Podemos montar un servidor. Crear un contenedor.
Modificar el escritorio. Construir un router. Automatizar tareas. Crear nuestro propio servidor doméstico.
Programar. Compilar el kernel. O instalar Arch Linux desde cero simplemente porque nos apetece. Linux ha conseguido algo bastante difícil.
Ser mucho más fácil sin dejar de permitirnos complicarlo todo voluntariamente.
Del Linux de TuxInfo al Linux invisible
Si revisamos aquellos números antiguos de TuxInfo encontramos un Linux mucho más visible. Había que hablar del sistema operativo. Explicar cómo instalarlo. Configurar dispositivos.
Elegir distribución. Aprender comandos. Resolver problemas. Hoy Linux continúa haciendo todo eso.
Pero además se ha vuelto invisible. Está detrás de páginas web. Nubes informáticas. Contenedores.
Superordenadores. Smartphones. Routers. Televisores.
Dispositivos industriales. Steam Deck. Raspberry Pi. Servicios que utilizamos cada día.
Quizá el gran éxito de Linux no haya sido conseguir que todo el mundo instale una distribución en su PC. Quizá haya sido conseguir que millones de personas utilicen Linux sin tener que pensar en Linux. Y para quienes sí queremos mirar debajo de la tapa, la terminal continúa exactamente donde la dejamos. Esperándonos.
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